El tiempo del consumo cultural: La terquedad

La obra dura más de tres horas y, según el director, guionista y actor de la obra Rafael Spregelburd, “muchos no vendrán por eso”.

A raíz de La terquedad, me parece una buena oportunidad para hablar, como propone la obra, del tiempo. Pero no del tiempo que maravillosamente transcurre durante los tres actos, ni sobre la simultaneidad de las acciones en los tres ambientes distintos. Tampoco de cómo la obra obnubila y conforma una experiencia teatral completa. Ahora me interesa indagar sobre la duración de los consumos culturales y su modo de estandarización.

¿Por qué ahuyenta que dure más de tres horas? ¿Ocurre sólo en personas que no están habituadas a ir al teatro o abarca a un público más amplio? ¿Cuál es el grado de inmersión que está tácitamente permitido que logre el teatro? ¿Cuánto de nuestra subjetividad puede involucrarse? ¿De qué forma el teatro es un plan autónomo y en qué grado es complementario a otros? ¿Por qué se desestima si la obra ocupa todo el plan de la noche? ¿Qué actividades son necesarias luego o antes del teatro? Son muchas preguntas, lo sé. Y se me viene a la cabeza algo de lo que plantée sobre las tipologías de las obras en la reseña de El grado cero del insomnio.

Pero esto no es muy distinto a lo que ocurre con los grandes hits de música, o a los bestsellers, aunque sí se parece en la duración legitimada de un recital o un partido de fútbol. ¿En qué se diferencian estos consumos culturales? ¿Requieren todos la misma predisposición del espectador?

El consumo standard esperado por un producto cultural masivo, en muchos casos, pareciera ser de modo casi comestible. Es que la industria de la cultura genera espacios efímeros, reemplazables e intercambiables en los que cada producto puede ocupar el lugar del otro. Pero ¿qué pasa cuando cuando algo demanda un momento superador que sale del promedio? Quizás algo de esto; aversión, por ejemplo.

Spregelburd menciona como preconcepto de la época moderna que “una obra no puede durar más de una hora y pico porque el público no se concentra y enseguida empieza a mirar los celulares (…) y este tipo de vida atada a los celulares naturalmente es incompatible, no sólo con el teatro sino con cualquier posibilidad de análisis profundo de cualquier situación. Intentar suspender eso por un momento me parece bien (…) no quiero decir que todas las obras tengan que durar tres horas. Pero me parece que si hablamos de variedad, está bueno que existan opciones”. Definitivamente La terquedad dispone del tiempo del espectador de un modo ameno y desprejuiciado. Quizás, introducirse en un tipo de consumo distinto al que estamos acostumbrados/as nos hace tambalear nuestro propio concepto de temporalidad.

Contexto: Funciones en el Teatro Cervantes (Libertad 815, C.A.B.A.). Entradas online acá.

 

Carla Bleiz

 

Fuente entrevista

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