Un viaje: Saigón, de Lulú Fernández (2016)

Saigón habla de Vietnam, pero también de todas las pequeñas historias que podrían ocurrir en cualquier parte del mundo.

El libro está lleno de viajes. Se remonta a la infancia y la niñez, pero también a las olas y a las nubes que roza el primer viaje en avión. Saca una entrada al circo pero también sueña con ir a Constitución, porque ”le gustaría conocer ese lugar al que todos van. Viajar a Constitución. Como si fuese grande. Como si fuese de vacaciones” (p.92).

En términos de forma, lo que unifica a los doce fragmentos es la frescura en el relato. Es la palabra minimalista y clarificada que no intercede entre el lector y el universo narrado. Más bien, cada palabra es pensada y elegida específicamente para el micromundo del personaje. Se usan oraciones cortas y poéticas con colores, sonidos y formas diversas.

Las referencias gráficas motivan a la inmersión en la historias. Son el Dodge polara blanco y el disco de Whitney sonando a medio volumen en el interior polarizado. Son los dramas contados con los colores del otoño.

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