La fragilidad de las casas es de esas obras que caminan por una cornisa peligrosísima: podrían convertirse en un despliegue por demás pretencioso o en algo extraordinario y espectacular. Y, por suerte, acá pasa esto último.
Lo que ocurre en esta comedia multimedia es un mecanismo de precisión ultra calibrado: proyección y música en vivo, ilustración, arte acrobático, escenografías mutantes y múltiples cambios de vestuario aparecen como piezas de un mismo lenguaje. Todo dialoga y se percibe hasta como necesario e inminente.
Las entradas y salidas de los personajes, el modo en que la escenografía se transforma frente a los ojos del público y un guion sensible y poético convierten a la obra en una experiencia bellísima tanto en lo estético como en lo discursivo. Y además atravesamos distintas capas de profundidad: las casas funcionan como punto de partida para hablar de los vínculos, de lo que construimos con otros y de lo que inevitablemente (nos) se resquebraja. Porque al final, la fragilidad nunca fue de las casas.
Carla Bleiz
